¿Pero qué os pasa en las cabezas?

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¿Pero qué os pasa en las cabezas? ¡Ya basta hijos de puta¡ emulando el grito de la artista mejicana Teresa Margolles.

“El Rey, los jueces y yo vamos a impedir que este país cambie”, así lo sostuvo Ayuso, Isabel Díaz Ayuso y las Togas dan el golpe que ella espera.

¡Da igual dónde fue a parar el derecho, qué mazazo a la democracia dan sus señorías!, y es que la verdad no se filtra ni se sentencia, se defiende.

Las Togas dan el golpe que esperaba Ayuso, en el 50 aniversario de la muerte del asesino Francisco Franco y de 50 años de inacción democrática y desmemoria.

Subidos a las barbas, abusan del poder para no hacer justicia y hacer historia de una causa inédita, sin pruebas,  que no construye paz. Fallo histórico, como tan históricos Consejo de Guerra  que añoran tardo y neo franquistas de poltrona o banderita, y todos muy de Ayuso y su onda expansiva fascista. Añoranza de crueldad que no se juzgó nunca, velos para tapar lo horrendo, alejando del horizonte a la verdad y la justicia.

No es romántica la tortura, ni subjetivo el asesinato, no es generoso el miedo. No hay amor en tu romanticismo desalmado de un régimen que ni sufriste ni viviste, ni supiste. No cabe la nostalgia en lo desconocido. Ni la fantasía en el negacionismo prevaricador, homicida.

Ya quisiera fuera ideal la realidad, y una ensoñación la vida, pero no lo es, no, es pura materia que puede transformarse si queremos, pero que ser demócrata es ser antifascista no tiene vuelta de hoja.

¿Pero qué os pasa en las cabezas? ¿Y en el alma? Que no descansen en paz ni un solo día los malvados de intención, los sucios de corazón y los que se pasan por el forro las bienaventuranzas.

El 90% de los españolitos que hoy, en 2025, estamos aquí no hemos votado la constitución del 78, y el 60% no habíamos nacido cuando el dictador Franco murió, y aquí estamos aguantando un marco de convivencia contaminado por la presión del miedo del momento que no hemos elegido, sobre el que no hemos dicho ni “mú”, ni está en el horizonte preguntarnos. Aquí estamos aguardando, pacientes e impacientes, pero antifascistas, a que la lucidez renazca para hablar y pactar de nuevo, lo nuevo y bueno que está por venir.