Buscaba un título más literario para este artículo, pero no lo he encontrado, así que le dejo con el de la idea original. Mala Gente, que es a la que quiero referirme y llamar su atención, para que mediten sobre su comportamiento cuando éste se caracterice por no mostrar ningún tipo de empatía hacia el sufrimiento ajeno, convirtiéndose en individuos insensibles ante la barbarie y los episodios de crueldad que no les afecte directamente a ellos o a los suyos.
En estos momentos se está produciendo como sabemos un genocidio a través de una masacre que estamos viendo en vivo y en directo, que, si no lo evitamos terminará por exterminar al Pueblo Palestino. Conocemos también en detalle el brutal sufrimiento al que están sometiendo a los niños, a las mujeres y a cualquier ser humano que hoy viva en la Franja de Gaza. A todas estas personas les están negando la vida, vida que sin duda todas apreciamos y defendemos, aunque en muchísimos casos solo preocupa cuando se trata de la propia o la de los afines, una actitud, que, por otro lado no resulta muy eficaz para preservar la vida particular de cada una.
Nos lo enseñó la pandemia, pero no fuimos capaces de aprenderlo, ni hemos puesto en valor, que las unas dependemos de las otras para proteger la vida. También estos días lo estamos viendo, de momento en Andalucía con el cribado de mama, en el que se vuelve a demostrar la necesidad de luchar colectivamente para defender la vida. Una y otra vez se pone de manifiesto que la mejor forma de protegernos, es que todas nos preocupemos por todas. Este sería un comportamiento inteligente para una sociedad que proteja por igual la vida y el bienestar de todas las personas. sin embargo, mucha gente cuando se trata de la vida de otros la ignoran o no les importa lo más mínimo, y estas personas por decirlo de forma amable, no son buena gente.
Este comportamiento, encierra una conducta moral contraria a los valores de emancipación de la humanidad, que pretende el progreso y bienestar de todos los individuos. Mientras, la actitud de los que miran para otro lado cuando la crueldad y el sufrimiento no les afecta directamente, se fundamenta en comportamientos individualistas que terminan degenerando básicamente en egoísmo. Esta conducta ética como he comentado, es insolvente para resolver problemas importantes de interés propio, como por ejemplo el de la salud, que como sabemos depende en gran medida de un buen servicio público sanitario.
A ninguna de las personas que se comportan de forma egoísta, les gustara ver como sus intereses particulares en la mayor parte de los casos se van a la ruina, que es lo que suele pasar, cuando no se dispone por ejemplo de colegios, institutos y universidades públicas de calidad, que permitan que todas podamos obtener conocimientos y formación, con los que, entre otras cosas tener la posibilidad de optar a un buen empleo, con un salario digno que permita a las personas vivir decentemente. Este es uno de los muchos casos, en los que los intereses particulares se pueden truncar si no contamos con la ayuda y la colaboración de la sociedad, sociedad que en definitiva la formamos entre todas.
Además de ser poco inteligente posicionarse moralmente del lado del egoísmo, y comportarse de manera egocentrista ante los asuntos públicos que nos afectan a todas, salud, educación, vivienda, etc., etc., etc., también en muchos casos se trata de individuos a los que se les puede considerar Mala Gente. Se trata de personas codiciosas, ambiciosas, poco amables, que suelen comportarse irrespetuosamente hacia los demás, llegando algunos hasta el punto de usar violencia física, torturas o asesinar, como ha sucedido en muchísimos casos a lo largo de la historia.
Hace dieciséis años en la exhumación de una fosa común de la guerra civil española, encontrada en el pueblo de la Carcavilla en Palencia bajo un parque infantil, aparecieron los restos óseos de ciento diez hombres y de algunas mujeres, así como pertenencias personales que llevaban cuando fueron fusilados en septiembre de 1.936. Entre las mujeres encontradas se hallaba Catalina Muñoz de treinta y siete años, madre de cuatro hijos que cuando fue asesinada su pequeño contaba apenas con ocho meses, por eso se encontró un sonajero entre sus restos. Detenida en la calle, suplico encarecidamente que, por humanidad no la fusilaran ya que tenía cuatro hijos de los que cuidar, a lo que se le sumaba además, que su marido se encontraba también en prisión. Sin embargo, en un acto de infinita crueldad, de salvaje y atroz insensibilidad, fue fusilada y rematada con un tiro en la nuca, el llamado de gracia que daban los fascistas a las personas que ejecutaban.
Esto paso en nuestro país hace apenas ochenta años, y no tengo la seguridad de que no se pueda volver a repetir, porque entre la ciudadanía sigue habiendo muchos violentos, autoritarios y antidemócratas. Por eso creo que sería de interés para la sociedad que reflexionáramos sobre los comportamientos colectivos y personales, a fin de corregir las actitudes que son contrarias a los derechos humanos.


… Que camina y va apestando la tierra
No se les puede llamar de otra manera.
Y así hay que llamarles.
Mala Gente