Volando voy, volando vengo por una patria que tengo y por otra que busco y que no encuentro.
Aprisa, cargadas, cansadas, hartas y no vencidas, atendemos la vida cada día. Y lo hacemos donde la historia y la suerte deciden, aquí, allí, por eso la patria está en todas partes y cada pueblo y cada una siente, construye, o no, la suya.
Las raíces son patria, y lo son los caminos caminados, y los afectos que amarran. La sanidad que me cubre y el techo que me abriga, son patria. La educación que me aúpa, la dignidad que lleva a ser mayor y morir tranquila son patria. La seguridad de no pasar frío o tener luz en la oscuridad es patria. Patria es el alimento, el comedero, el tiempo que habitamos y cómo lo vivimos.
Ni fronteras, ni reyes, ni tribunos son patria. En las manos atentas que siempre te acogieron, en casa, en la escalera, en el centro de salud, la escuela, el autobús, el parque, el mercado, el barrio, la ciudad, el país, el continente, el mundo que compartes, en esas manos está la patria.
No la encontraremos entre quienes derogan la memoria democrática, y dejan en las cunetas a nuestros asesinados, ni entre los que manipulan informes de nuestras tetas, o dejan quemar los montes y despiden bomberos, o nos mandan a abortar a otro sitio, o nos impiden tener una vivienda, o nos llenan de mierda, o nos matan.
Un domingo de vuelta, haciendo patria, mi hija de aspecto aniñado fue amenazada y obligada a identificarse ante la policía nacional por portar una bandera palestina, la misma policía de Marlasca que escucha tranquila “el cara el sol y el Pedro Sánchez hijo de puta”, dos hit parade del patrioterismo fascista en general , y en particular de Vito Quiles y sus chicos, solo chicos, en la universidad, en un nuevo “muerte a la inteligencia” a lo Millán-Astray, en una concentración no comunicada, y sin identificación ni patria alguna.
Lejos de Marlasca y su policía, del PP y su Gürtel, de Feijóo y sus mentiras, de Mazón y sus muertos, de Ayuso y los suyos, de Bonilla y las suyas, Lejos, muy lejos de aquí está la patria. Lejos de La “intuición” como causa de las causas, y la “prospección” como impulso de los jueces.
Entre las ruinas de Gaza hay patria y en las calles de 2700 ciudades yanquis que no quieren reyes. En las que cerraron la Vuelta ciclista a España, más España que nunca, a genocidas. Y en la Vigilia de la Plaza de la Universidad Popular de Sanse, también hay patria.
La Patria está en las certezas que nos ajustan en tiempos de tanta volatilidad. En la comunidad que nos sostiene y la comunión que nos sostenga. En las verdades que hacen sentir que “en cada viaje siempre estuve en casa”, por ahí anda la patria.

