Si eres luz, te quiero encendida

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«Si eres luz, te quiero encendida», así reza una pintada en la fachada del colegio público Príncipe Felipe de San Sebastián de los Reyes. Próxima a un paso de peatones frecuentado por niños, niñas, abuelas, padres, maestras… En la Avenida de Lomas del Rey, muy cerca de la estación de metro de Baunatal.

Alguien sintió un impulso, o tal vez premeditadamente escogió este lugar, este mural, para dejarnos un mensaje, probablemente no espontáneo, o quizá sí. Un mensaje para quien ocupa sus pensamientos, un mensaje para todos, caminantes, ciclistas, vecinos rumbo al trabajo, o a visitar a un familiar, a quienes recogen a sus niños de la escuela, o arrastran el carro de la compra camino a casa.

Alguien nos ha dedicado un pensamiento, y lo ha hecho público. Porque la calle es de todos y para todas, porque es este un espacio común que no requiere claves de acceso, ni conexión a internet, ni transacción económica. La calle es un espacio comunicativo que nos pertenece a todos, con el respeto y cuidado que merece lo que a todos concierne.

Son más que numerosas las pintadas en fachadas, muros, buzones, portales, ventanales… de este y otros muchísimos barrios, municipios, ciudades… No todas son bellas, como esta, pero muestran que las paredes hablan.

Y no son pocas las veces que se denomina «gamberrada» a las pintadas callejeras, y a buen seguro que las habrá, y no faltarán pintadas de amenaza, o simplemente feas, pero, desde los tiempos de las cavernas, el ser humano ha plasmado en las paredes sus gritos inconformistas, indignados, por la libertad de expresión, contra la injusticia y el odio, rebeldes, o de amor.

Dibujos y proclamas por doquier gritan al mundo la desesperación, la rabia y el dolor que invade al pueblo griego. En barrios como Exarchia o Monasterakis las paredes hablan y vociferan un mensaje de auxilio a la vieja europa. Allí no hay, como aquí, una «Ley Mordaza» que coacciona y disuade de pintar consignas en paredes bajo multas de 600 euros, y de mayor importe a quien tenga el atrevimiento de «injuriar» a las instituciones públicas y privadas que nos gobiernan.

Gracias a ese alguien que pasó frente a ese muro, y dedicó a quien ocupara sus pensamientos, y compartió con cuantos recorremos este rincón de la ciudad, un verso dulce y optimista, un impulso vivo y limpio que no ensucia.