La creída tan original San Sebastián de los Reyes, a la que les gusta llamar, y que la llamen, la Pamplona chica, ha demostrado en su pregón ser el eco ronco de la idiocia y el odio que andan sembrando aquellos a los que tanto les gusta la fruta, sin menú, sin carta, sin cocina, sin campo… y venga: ¡Pedro Sánchez, hijo de puta! “Está claro quién no queréis que sea el próximo pregonero” les responde, al mejor estilo Juan Magán, Carlos Bolarín, concejal de Festejos y Tradiciones del Partido Popular.
Pocos, pero idiotas, repiten un grito insustancial pero insultante, que encuentra acomodo en la testosterona y en la falta de expectativas. Pobres lerdos sin futuro, movidos al socaire de frases cortas y mensajes huecos, pobres hijos nuestros a los que les legamos la incapacidad de razonar, de tener una vivienda o un trabajo digno o una sanidad que les sane, o un planeta que no aguanta más tanta avaricia. Y para el desfogue: simpleza.
Surge la añoranza y la desesperación ante la tierra quemada, en los montes y en las entendederas, y recordamos tiempos en los que los eslóganes tenían contenido: «Me sobra mes a final de sueldo». «No hay pan para tanto chorizo». “Le llaman democracia y no lo es”. «Levántate, levántate, defiende tus derechos! ¡Pan y Rosas para todos!
«Pedro Sánchez, hijo de puta» se repite en los pregones de las Fiestas, un lema que Ayuso acuñó en sede parlamentaria, dando la medida de su categoría, de política y de persona, y que las derechas sacan a pasear como consigna insulsa, barriobajera, verdulera, ante su falta de propuesta.
Tal vez abotagados de desilusión y malestar, mareados y zarandeados por la precariedad, la falta de expectativas y una enseñanza de la desmemoria, algunos hombres jóvenes escupen simplezas. Y la conquistadora igualdad les arroya y les tiemblan las piernas mientras sus privilegios se escurren como sus calzoncillos caídos.
Y es que la transición modélica dejó casi la misma España de desigualdades que nos legó el sangriento franquismo, y la socialdemocracia frustró las expectativas de una justicia social que nunca llega, al tiempo que retuercen la realidad y la acongojan, y la democracia se desdibuja o se emborrona mientras el espíritu crítico desaparece por las alcantarillas.
La epidemia del “Nosotros contra ellos o contra los otros”, cuando los otros somos nosotros también, precisa de remedios urgentes, de cortafuegos extendidos, porque la llama del fascismo está encendida y encuentra incendiarios en las derechas trasnochadas y patéticas, egoístas, torticeras, falsas,…
Fiestas para compartir, no para enfrentar, pregones para los buenos deseos y las mejores expectativas, para reivindicar una vida digna a la que tenemos derecho y para la que sobran medios. Sobran razones para acoger a los hijos y a las putas, sobran razones para acabar con la sinrazón y sobran motivos para gritar contra la guerra y contra los genocidios.


Es la evidencia de una España a la que se volcaron con alagos como una TRANSICIÓN modélica que era falsa, el fascismo no desapareció cuando se firmó la Constitución monárquica, porque todo el sistema franquista quedó intacto, incluidos sus torturadores, ya hace tiempo que sacaron sus cartas que siguen estando marcadas.
Es un asco y una vergüenza que gente como esta del pregón ignominioso sean apoyados por gente del «pueblo». Que no les haga falra matar, algún día, para salirse con la suya, porque lo harían seguro. Como hicieron sus admirados franquistas a mansalva. Criminales y mafiosos. ¡Estamos apañados!